"Amistad, competición y diversión"

Fernando Castaño | 14-01-2014
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Cuando un compañero de equipo se encuentra con una dificultad y ese grupo está unido, todos salen al paso para ayudarlo. Eso se puede ver según se va avanzando con la edad. Los niños benjamines y alevines pasan de una edad egocéntrica a una poco a poco más cooperativa y de ahí a infantiles, cadetes y juveniles hay un abismo con la fortaleza que alcanza la amistad. Por ello, en el entrenamiento deportivo, donde se debería de proporcionar altas dosis de balón por encima de cualquier otra cosa, también es importante plantear tareas que sirvan al grupo para desconectar del fútbol y vigorizar la relación de un vestuario.
Son útiles y famosas las comidas o cenas de todo un equipo junto o un club, siempre usadas y perfectas para conocer aquellos aspectos personales ajenos al fútbol y que ayudan a confortar lazos de amistad. El fútbol hace amigos.
De cara a cada partido, a cada sesión de entrenamiento, en definitiva al día a día que influye en el fútbol y los elementos internos y externos que existen, la buena sintonía en un vestuario es fundamental. Hay entrenadores más lúdicos, más serios, más extrovertidos, más divertidos, más profesionales… pero todos tienen en cuenta este factor y es normal.
Como actividad global y real al juego, está muy bien que para entrenar la velocidad de reacción se hagan dos filas y se tire un balón por medio y los dos primeros luchen por él antes de tirar a portería (se cumplen los principios Weineck (1994) y Bauer (1997) de percepción, decisión y acción), cosa buena que sea un ejercicio cercano al fútbol. Pero, ¿Qué nivel de carga afable o amistosa tiene ese ejercicio respecto a un “Perros contra Gatos”? (Dos filas cara a cara unos son perros y otros gatos, al nombre de unos, éstos persiguen a los otros). Ambos unen, son competitivos y el buen ambiente en su ejecución está garantizado, pero una tarea es más cercana al valor psicológico y de amistad que la otra, y una es más cercana a la realidad del fútbol que la otra. Ambas son necesarias.
“Nunca tuve un día de trabajo en mi vida, todo era diversión” (Thomas A. Edison)

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