'La opinión de...' Fernando Marcos: "Papá, Mamá, no me acompañéis al fútbol…"

(Noticia patrocinada por las clínicas VITALDENT SALAMANCA y por CONFITERÍA GIL SALAMANCA. www.facebook.com/VitaldentSalamanca/?fref=ts www.confiteriagil.es/ ). "…Me avergonzáis delante de todos. Si vienes a verme, no grites, no insultes, no te alteres, si no, no vengas, porque me dan ganas de no seguir jugando”. Acaba la temporada, pero con un poso que debemos erradicar para año el que viene y es que parece que la violencia en los campos se está poniendo de moda y que los video aficionados están con el móvil preparado para grabar escenas de este tipo, en los campos de fútbol del territorio español, para salir posteriormente en los medios de comunicación denunciando estas agresiones o peleas y acabar en nuestras casas viéndolo boquiabiertos con un “qué barbaridad” en la boca. 
Pero ¿nos hemos preguntado en algún momento cómo se sienten los niños? Pues yo os lo voy a contar:
Desde 2005 he estado entrenando a diversos equipos, en total 4: 2 en Salamanca y 2 en Madrid. He de decir que no he vivido nunca este tipo de violencia tan extrema. He tenido suerte tanto con los padres como con los chavales. Si de algo estoy orgulloso es de haber tenido siempre a los mejores. Sin embargo, el fútbol tiene la capacidad de alterar a la persona más correcta, educada y preparada. Los insultos y las palabras malsonantes vuelan directos sin analizar las consecuencias y hacen del padre o madre, que de los dos hay, aunque sean más asiduos los primeros, el ser más primitivo que llevan dentro.
El centro de las críticas suelen ser los árbitros, cosa que las dos aficiones suelen compartir. Queridos padres, los entrenadores tenemos una premisa fundamental y que intentamos transmitir a los chavales: el árbitro es la ley, es intocable. Se puede equivocar, como todos, pero sin él no se juega y se le respeta como la máxima autoridad. Se hace complicado educarles cuando sus máximos referentes les insultan y los chavales te preguntan… “¿Y por qué mis padres lo hacen?"
Los problemas empiezan cuando las frases implican al rival y ahí empiezan las disputas. A los chavales esto les avergüenza muchísimo, pero lo peor es cuando los gritos van dirigidos a sus propios hijos. 
Queridos padres, os pongo frases que he escuchado de mis equipos y de rivales cuando os escuchan gritar.
-    “Ya está otra vez, no se callará”
-    “Uf! Que ridículo macho, es el mío”
-    “A mí no me saques que ha venido mi padre y no quiero que me grite”
-    “Pero cállate mama, que la estás jodiendo” (con perdón)
-    “tu padre es un espectáculo” – “Ya ves, siempre gritando”
-    “Míster, no quiero que mi padre venga a verme”
-    “No para, si vuelve a verme no sigo jugando…. (tirando la camiseta mojada)”
¿Nos hemos puesto alguna vez en la piel del chaval? De los valores que sus padres ejemplares les están inculcando. Dejen que los niños jueguen al fútbol tranquilamente. Anímenles, refuercen sus acciones positivas y en las que fallen denles aliento para que lo vuelvan a intentar hasta que lo consigan, sonríanles cuando ganen y denles un fuerte abrazo cuando pierdan.
Queridos entrenadores compañeros. Muchas veces la responsabilidad es nuestra o si no lo fuere, podemos ayudar desde nuestra posición. Yo he tratado siempre de educar a los padres a través de los hijos, y ha funcionado en un porcentaje muy elevado. 
Queridos clubes. Defiendan el derecho a jugar de los niños sin insultos. Un club se define también por los padres de los niños y a nadie le gusta escuchar esa frase de “Ese club son unos guarros”. Porque los padres y los niños representan al club allá donde van.
Queridos lectores, no es que la violencia sea ahora más que antes, es que ahora se ve más, y aprovechemos esto para intentar concienciarnos que de estas acciones no se obtiene ningún beneficio. 

FERNANDO MARCOS
D. Maestro en Educación Física
Entrenador personal titulado Nsca-CpT
Entrenador de fútbol desde 2005
Director general y fundador de Holistic Center, empresa de salud y deporte

 “Una vida ligada a la educación física, en la que las propias lesiones personales le hicieron adentrar en el apasionante mundo de ayudar a las personas a alcanzar sus objetivos en función de sus necesidades.”

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